El diablo con pincel

Desde las paredes del Museo Nacional de Bellas Artes, muchas de sus obras antes condenadas hoy prestigian la cultura nacional de todo nuestro pueblo. Carlos Enríquez es, sin lugar a dudas, uno de los más reconocidos pintores cubanos de todos los tiempos.

Considerado uno de los mejores artistas de la plástica cubana de la primera mitad del pasado siglo, Carlos Enríquez fue sin dudas un rebelde del pincel, el más erótico de los pintores cubanos. Hoy en Cubalan les proponemos un acercamiento al creador de pinturas tan renombradas como El Rapto de las mulatas o Dos Ríos.

Carlos Enríquez | El rapto de las mulatas

Nacido el 3 de agosto de 1900 en la localidad de Zulueta, en la antigua provincia de Las Villas, Carlos Enríquez se destacó como nadie de su tiempo en llevar al lienzo la belleza del cuerpo femenino, razón por la que fue criticado y reprimido por una burguesía puritana. Pintor de grandes cualidades naturales, Carlos Enríquez recibió un solo entrenamiento académico, durante un breve curso en Estados Unidos regresando a Cuba en 1925. 

 Dos años después de su retorno, algunos de sus desnudos femeninos fueron retirados de la Exposición de Arte Nuevo bajo la acusación de “un realismo exagerado”, represión que se repite poco después y que lo empuja a salir de nuevo hacia el extranjero. 

Carlos Enríquez, Bandolero criollo (Cuban Bandit), 1943

 En la búsqueda de nuevos horizontes creativos, Carlos Enríquez viajó a España y Francia, países donde la proximidad a las vanguardias influyó de manera positiva en su obra artística. 

Acerca de esa etapa en el Viejo Continente, el famoso novelista Alejo Carpentier aseguró que lo despojaría de toda su potencialidad de escándalo… algo que comparten los  críticos cuando aluden que fue ese el momento artístico donde Carlos Enríquez pintó sus mejores cuadros.

Entre ellos destacan Primavera bacteriológica, Crimen en el aire con Guardia Civil y su Virgen del Cobre, símbolo del mestizaje antillano contrapuesto a la imagen tradicional de la Patrona de Cuba.  

Es entonces cuando Carlos Enríquez comienza a definir sus nuevas orientaciones plásticas, las que apuntaron al mundo rural de los cubanos, etapa que identificó como “el romancero guajiro ”.

Sin abandonar el erotismo y la anatomía femenina, sus cuadros recogen las leyendas del campo, la imagen de héroes y bandidos, el recuerdo de los patriotas y una fina denuncia social. 

En esa época vieron la luz obras antológicas de la plástica criolla como el Rey de los Campos de Cuba, Las bañistas de la laguna, El rapto de las mulatas, Campesinos felices, Dos Ríos y Combate, imágenes que lo ubicarían ya a la vanguardia del modernismo cubano. 

A 55 años después de su muerte, ocurrida el 2 de mayo de 1957, hoy sus cuadros forman parte de la memoria histórica de la nación.

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